Corría la década de los 80s, Reagan era presidente de EEUU, Apple introducía la Macintosh y la música de Michael Jackson sonaba en grandes grabadoras, o pequeños Walkmans. El mundo se preparaba para la última década del siglo y un joven recorría los diferentes barrios de su nativo Los Angeles, alimentando su afición a la comida tradicional de diferentes culturas.






Un letrero poco visible marca el lugar y una puerta te transporta a un pequeño comedor con algunas mesas. Algo me encanta de este tipo de lugares! La originalidad, la transparencia, la honestidad. Desde que entras, entiendes que nadie está ahí por la moda, por ser un lugar nuevo, por ser un lugar alternativo o por que haya salido en algún programa de televisión. Nadie conoce el nombre del chef, ni se toma selfies en la puerta. Es un lugar que se ocupa de lo suyo… servir buena comida. Una especie de fonda vietnamita en el estado de Washington.





